Cada vez se ve mejor lo que hay dentro. La imagen habla por sí sola y permite actuar con más eficacia. De eso saben mucho en Radiología Intervencionista del Hospital Juan Ramón Jiménez, que durante el pasado año atendió a 1.200 pacientes, a los que se les realizaron cerca de 1.800 procedimientos.

Se trata de intervenciones poco invasivas que, en lenguaje coloquial, permiten desatascar todos los conductos que atraviesan nuestro organismo. Así se ha usado para obstrucciones de orina, sangre o bilis pero lo que llama más la atención es su empleo en algunos cánceres.

Dentro de esa última faceta, se está aplicando en tumores colorrectales o del hígado. El asunto no es baladí si se tiene en cuenta que el cáncer colorrectal es el que tiene mayor prevalencia en la sociedad actual.

Una de los médicos de la Unidad de Radiología Vascular e Intervencionista del Juan Ramón Jiménez es Teresa Moreno, actualmente presidenta de la Sociedad Española de Radiología vascular Intervencionista (Servei). La facultativa subraya la importancia de esta rama de la asistencia sanitaria pues “es de las nueve especialidades presenciales con más trabajo en el Servicio de Urgencias”.

Las intervenciones, en el campo oncológico, están destinadas en buena medida a aquellos casos en los que no es posible la cirugía y en la administración de quimioterapia lo más cerca posible del tumor, consiguiendo que ésta resulte más eficaz. El resultado en una mejora en la calidad de vida de los pacientes y en su supervivencia.

Los procedimientos se realizan con control de imagen de la zona en cuestión, que se obtienen a través de imagen radiológica normal, TAC o ecografía. A través de pequeñas punciones en la piel se entra en los vasos sanguíneos, normalmente por la arteria femoral. Desde ahí se llega a las arterias que llevan sangre, con alimento y oxígeno, al tumor y es ahí donde se liberan unas pequeñas partículas cargadas de quimioterapia. Así se consigue bloquear la llegada de sangre y con ello el crecimiento del tumor y destruirlo. Además se logra liberar el medicamento justo donde se encuentra el tumor. Por otro lado, mediante la punción de una vena, se instala un reservorio -pequeño dispositivo situado bajo la piel- que lleva la dosis de quimio hasta venas donde el flujo de sangre es más intenso. Se evita de esta manera lesionar las venas de los brazos y permite administrar el tratamiento de forma ambulatoria, lo que supone una mayor comodidad para el paciente.

Si nos referimos al cáncer de hígado, Teresa Moreno recuerda que el 5% de las cirrosis derivan en tumor; el cáncer de hígado es el sexto más frecuente en el mundo y también está relacionado con la hepatitis. Lo más novedoso es, en estos momentos, introducir una aguja, controlando su posición con imágenes radiológicas, en el tumor e intentar quemarlo siempre que no sea posible realizar cirugía.

La actividad de Radiología Vascular e Intervencionista lleva la misma filosofía que la de Hemodinámica, si bien en el primero de los casos, se extiende a otros ámbitos. Como en Hemodinámica, el proceso es desbloquear el conducto afectado -a veces son los propios tumores los que oprimen conductos o vasos- e instalar un stent que garantice el normal funcionamiento, normalizando así el paso de la sangre, bilis u orina. Una de las ventajas que tiene este tipo de intervenciones es que son poco agresivas y no necesitan prácticamente ingreso hospitalario. Aunque el equipamiento, muy ligado a los avances tecnológicos, supone un desembolso considerable éste se amortiza por ese menor nivel de hospitalización y por otras variables como la aparición de menos complicaciones y la posibilidad de llevar a cabo tratamiento ambulatorios.

Teresa Moreno resaltó el trabajo en equipo, mediante unidades multidisciplinares, que “es lo que posibilita los mejores resultados ya que se ofrece a cada paciente un trato individualizado”. Los avances en el campo de la oncología, donde la radiología vascular e intervencionista juega un importante papel, no serían posibles “sin la colaboración con estos especialistas”.